Es una noche hermosa, una noche de primavera en pleno invierno, no es una noche más, se respira distinto, huele distinto y no lo dudo, saco la moto del garage y comienzo el ritual, la vieja ceremonia que repito en todos sus pasos año tras año, día tras día cada vez que la uso.
Verifico la nafta, el aceite, la luces, me ajusto los borceguies, me cierro la campera, me coloco el casco, los lentes y los guantes.
La pongo en marcha, y dejo que lentamente vaya tomando temperatura. La cuido, la mimo, le hablo, la acaricio, y recién cuando el sonido del motor se hace parejo y monótono salgo despacito. Voy probando los guiños, el stop, las luces altas y bajas y por ultimo los frenos. Mi querida moto responde fiel a cada una de las pruebas y una última acelerada suave en segunda me indica que todo esta en orden.
Es una maravillosa moto, grande, cómoda, segura y potente, muy potente.Recorro a ritmo de paseo los cuatro kilómetros por la avenida que me lleva hasta la autopista que une la capital con Luján. Voy disfrutando del aire fresco con la visera del casco abierta, dejo que todos me sobrepasen, yo voy tranquilo, muy tranquilo como siempre. Viajar en moto me da paz y placer y una enorme sensación de libertad.
Llego a los peajes, pago, subo en segunda la pequeña cuesta que me deposita en la mano que va para Luján. Los autos a mi lado me pasan a una velocidad que da miedo. Me ubico en el carril para tránsito lento y llevo muy suave el acelerador en quinta hasta la velocidad crucero de la moto, 110 km y ahí la dejo, es su mejor andar y el menor consumo de combustible.
Paso por Padua, Merlo y Moreno al mismo ritmo, mirando intermitentemente los espejos y las luces rojas de los autos que van adelante. Puro placer. Pero noto que me siguen sobrepasando como si estuviera parado y empiezo a molestarme. ¿Que pasa? ¿Por que corren? Bajo un cambio manteniendo el acelerador en la misma posición y la moto salta hacia adelante subiendo a 5000 vueltas, toque de acelerador hasta las 5500 y otra vez en 5ta marcha. Los 135 km por hora me permiten alcanzar y sobrepasar a los autos que van mas lento, pero hay otros...
No lo dudo, me bajo la visera, desacelero, pongo 4ta y acelero fuerte hasta las 6200 vueltas, de nuevo 5ta, 160 km la moto responde dócil y el velocímetro va trepando 165, 170, 175, paso a varios, me paso al carril de tránsito rápido, tiro luces, los que van adelante se corren a la derecha y cuando los sobrepaso ponen las luces altas como venganza. Pero no saben de mis espejos antireflex y hago una mueca que quiere parecerse a una sonrisa.
A 180 quedan muy pocos adelante pero un vivo no me cede el paso, le tiro luces y me muestra su dedo mayor, me enfurezco, doy un golpe de acelerador, plancho el pecho sobre el tanque de nafta y me tiro por la derecha, lo emparejo y lo miro, el tipo también me mira y se lo ve asustado entre el guardrail y la moto, sabe que una mala maniobra termina conmigo muerto y el preso, pero no sabe la cara de burla que tengo atrás de la visera. Acelero de nuevo y le cruzo la moto muy finito poniéndome adelante, es mi turno de mostrar el dedo mayor, acelero fuerte, 190, el tipo que se creía malo es un punto lejano en mis espejos. El corazón me va más rápido que la moto, y mis carcajadas se parecen a ladridos. Adelante una recta interminable y desolada. No hay a quien pasar, solo algunos que no cuentan que van por el carril lento.
Termina la autopista que se transforma en una ruta angosta de dos manos, sin guardrail en el medio y sin iluminación, a lo lejos brilla una luz muy chiquita que debe estar a muchos kilómetros de distancia, yo no aflojo, 190 clavados, la luz se va agrandando de a poco, se me ocurre algo, es de locos, pero... el estado de excitación que tengo es muy grande, más grande que el sentido común, que la seguridad, que cualquier miedo. Apago todas la las luces, me cruzo al carril contrario y la luz me da en los ojos bien de frente, vuelo, lato, transpiro, tiemblo, grito, la luz es cada vez más grande y muy blanca estoy a unos 500 metros, le pido a la moto el último esfuerzo, acelero a tope, no puedo ver el velocímetro porque apague todas las luces, voy planchado contra el tanque, voy gritando, la luz ahora es como un enorme telón incandescente, no hay otra cosa, solo luz, me incorporo, el golpe del aire en el pecho a 190 me tira para atrás, me reacomodo, esta cerca, muy cerca, me aferro fuerte con la mano derecha acelerando todo y levanto el brazo izquierdo con el puño apretado, grito enajenado, no vamos fundir en un segundo más, abro bien los ojos y la luz me devora.
Es hermosa.
Dios es hermosa...
Pepe ©
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